Calidad revolucionaria producto de la crítica propositiva

by Mauro on 4 noviembre, 2012

Por Nicmer N. Evans / Espacio crítico para la construcción socialista #108

Lograr posicionar la crítica y la autocrítica en la agenda revolucionaria, es un logro que permite avanzar en la sinceración de los términos de coherencia entre la teoría y la acción revolucionaria. No puede haber socialismo si no existen contradicciones solventables con la propuesta derivada de la crítica y la autocrítica comprometida, leal y con propuestas.

Lo dijo Mao Zedong:

…”los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones internas de la sociedad, o sea, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva.”

Pero estas contradicciones no sólo se encuentran entre el capitalismo y el neoliberalismo y la propuesta socialista y bolivariana, es a lo interno del seno revolucionario, en especial cuando tenemos una oposición que sólo crítica sin ningún tipo evolutivo, sin intención de patria, con el único fin de acceder al poder saliendo de Chávez.

La gran diferencia entre la critíca y autocrítica revolucionaria y propositiva de la crítica oposicionista es muy sencilla, los que criticamos desde el compromiso revolucionario lo hacemos con propuestas con el fin de mejorar e incrementar la calidad revolucionaria, mientras la crítica de la oposición es incapaz de ver sus errores, no exise autocrítica sin censura y nunca proponen soluciones para los problemas planteados, y la crítica sólo es para destruir a Chávez, no para construir un país.

Otro elemento relevante de la discusión sobre la autocrítica es el concepto en sí mismo del término, la autocrítica a diferencia de la crítica se hace cuando desde un espacio común se observan los errores colectivos para superarlos, en los cuales somos parte integral, aunque quizá no cómplices de los mismos. La crítica se hace a los otros, pero la autocrítica política, no es un ejercicio individual solamente,  no es la crítica a mi mismo, es la crítica a “nosotros mismos”‘ por lo que debe ser un ejercicio en lo colectivo y desde lo colectivo para ser socialista.

Un ejemplo de la autocrítica necesaria es la que debe desarrollarse en el PSUV, por ello la necesidad de espacios donde lavar nuestros trapitos sucios en casa, creando muchas bateas para ello, sobre esto Mao Zedong nos dice:

“La oposición y la lucha entre ideas diferentes tienen lugar constantemente dentro del Partido. Este es el reflejo en su seno de las contradicciones entre las clases y entre lo nuevo y lo viejo en la sociedad. Si en el Partido no hubiera contradicciones ni luchas ideológicas para resolverlas, la vida del Partido tocaría a su fin.”

En un verdadero partido revolucionario debe haber oposición y lucha, debe haber contradiciones, no puede ni debe ser monolítico, lo que debe estar es constituido de leales y comprometidos, permitiendo sobre los disensos contruir consensos para avanzar ante el enemigo, ante el antagónico, pero en la lid de la tolerancia, sustituyendo la violencia por la política democrática de las mayorias.

Pero para ello hace falta acompañar el debate, profundo y sincero con gestión revolucionaria que contenga en su seno calidad revolucionaria y humanista, sobre esto decía Alfredo Maneiro:

“Un problema de particular importancia es el relativo a la calidad revolucionaria de la organización. Por calidad revolucionaria, entendemos la capacidad probable de sus miembros para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas. Como quiera que tengamos el íntimo convencimiento de que un esfuerzo de tal naturaleza sólo se puede realizar desde el gobierno, sólo puede ser un propósito estatal.”

Esta calidad revolucionaria ya en el poder, no es más que la superación de la crisis del modelo neoliberal, transformando la labor del “funcionario público” en “servidor del pueblo”, que pasa a su vez por la verdadera transformación del Estado liberal bugués sobre el cual se soporta lo viejo que no termina de morir para darle paso al Estado Comunal que no termina de nacer.

Esto incluye cosas tan sencillas como un mejor trato, eficiencia y eficacia en la atención al usuario de los servicios públicos, sentido común, que es el menos común de los sentidos para facilitar los procesos del servicio público, superación de la corrupción, el compadrazgo y el “cuanto hay pa eso”, en pocas palabras la superación de la “adequidad”.

Pero esto sólo se logra discutiendo la necesaria calidad revolucionaria desde la autocrítica en unidad, o como decía Alfredo Maneiro:

“La exigencia de unidad hoy, es la exigencia polémica, de que se discutan con seriedad los problemas de la izquierda que son los problemas del país.”

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