Tan lejos y tan bajo. Por Reinaldo Iturriza

by Mauro on 3 junio, 2012

Incluso los polemistas deberían guardar ciertas normas de decoro. No por respeto a las formas, sino por autorrespeto, que es otra forma de nombrar la dignidad. En el fondo, se trata de una cuestión de honor. Por ejemplo, actuar de acuerdo al principio: «tal vez no decir siempre toda la verdad, pero mentir jamás». Cuánta falta hacen los polemistas honorables.

En cambio, en el campo antichavista, hechas dos o tres excepciones, sobran los polemistas displicentes, fanáticos del verbo fácil, sin esfuerzo. Son realmente flojos: razonamientos predecibles, modorra inevitable. Como si quisieran alcanzar a una realidad que viaja a mil kilómetros por hora a bordo de un triciclo. Si hubiera que resumir la situación empleando palabras muy a su gusto, se diría que la inmensa mayoría de ellos dice lo que le da la gana, cuando le da la gana, como le da la gana. «En este país ya nadie quiere trabajar».

Más que pensamiento, muletillas. Por ejemplo, aquella del “militarismo”, una de las más socorridas. Que la empleen hasta el abuso los opinadores al servicio de una oligarquía históricamente criminal y violenta, es un signo más de la decadencia del oficio.

Al respecto, puede citarse un artículo de Alberto Barrera Tyszka, publicado en El Nacional, el pasado domingo 27 de mayo, titulado Seguir caminando. Su valor es estrictamente referencial, y nada de lo que sigue debe interpretarse como un ataque personal al autor.

Escribe Barrea Tyszka: “Después de casi 14 años, los venezolanos ya somos expertos en las estrategias oficiales”. Muy bien. El artículo promete, nos va a develar el misterio: “Conocemos perfectamente la pulsión reactiva del Gobierno. Es parte de su naturaleza militarista. Sólo son capaces de manejarse ante la realidad desde la dinámica del ataque, la defensa y el contraataque”.

Sí, ciertamente es un poco frustrante. Después de casi 14 años bien vividos, se supone que tendríamos que conformarnos con la idea de que todo, o casi todo, se explica por el hecho de que Chávez proviene del mundo militar: la cuasi-dictadura en la que vivimos, los huecos en la calle, esta extraña lluvia de mayo, el tráfico insoportable, la pésima temporada de los Leones del Caracas o la eliminación del Magallanes, los apagones, estos deseos de irme demasiado.

La lógica que rige un razonamiento tal es más o menos el siguiente: lo que proviene del mundo militar es “militarista” y por tanto pernicioso para nosotros, los “civilistas”. De alguna forma, la realidad que padecemos tiene que ver con ese matrimonio antinatura entre el verde oliva y la boina roja. Lo mejor es que nuestro polemista no tiene que ofrecer absolutamente ninguna explicación. Es así y punto.

¿Usted recuerda las constantes agresiones de las que han sido víctimas recientemente periodistas y camarógrafos de medios públicos y comunitarios, durante la cobertura de actos de campaña del gobernador Capriles? Pues bien, según Barrera Tyszka, esa violencia brutal no tiene nada que ver con el entorno de Capriles, que es libre de toda responsabilidad. Si estos trabajadores de la comunicación han sido agredidos físicamente, la culpa la tiene… el “militarismo”.

¿Le parece un mal chiste? Pase y lea: “Lo que ha pasado esta semana con las denuncias de periodistas agredidos en las caminatas que hace Capriles podría también leerse desde este mismo esquema. Resulta extraña la rapidez y la frecuencia con la que, de pronto, han aparecido estas situaciones de violencia. Pero resulta todavía más extraña la manera – veloz y coordinada – con la que todo el poder se ha empeñado en asociar esa agresión al candidato de la unidad. No son analizados y tratados como actos lamentables, hechos que hay que investigar… La situación sólo parece existir para asociar a Capriles a la violencia. Todo está narrado con un procedimiento mediático que intenta una satanización directa… Es posible, entonces, leer todo esto como otra maniobra de distracción y de contraataque, relacionada por supuesto con los sucesos de La Planta, con el miedo a ser percibidos como represores y violentos”.

Así mismo como lo ha leído: este señor está planteando que los sucesivos casos de violencia contra periodistas y camarógrafos forman parte de un plan que tendría como objeto “asociar a Capriles a la violencia”. ¡Como si el gobernador Capriles no estuviera, de hecho, asociado a la violencia! ¡Como si los responsables de las violentas agresiones no formaran parte de su entorno!

Luego, Barrera Tyszka se refiere a una “maniobra de distracción y de contraataque” para desviar la atención de lo recién acontecido en La Planta. Es decir, luego del “fracaso” de las gestiones del gobierno nacional conducentes al desalojo del penal (seguramente buena parte del antichavismo opinático considerará un “éxito” la masacre perpetrada en el mismo internado en 1996), al régimen “militarista” no le quedó otra que enviar a sus periodistas a autoflagelarse en presencia del gobernador Capriles para que a éste se le asociara con la violencia. Hay “teorías” ridículas y las hay como éstas de Barrera Tyszka.

Ese es el problema: las hay de sobra, muchas. Se han convertido en la norma. Nunca fue tan fácil polemizar, escribir disparates, librarse de la responsabilidad, lavarse las manos. Y esta misma falta de rigor, esta pobreza de espíritu, este contrabando permanente de la verdad, no dejan de estar presentes en cada oferta electoral del gobernador Capriles.

Este martes 29 de mayo lo hemos vuelto a constatar, a propósito de la presentación de su “plan de seguridad”. ¿Qué plan tiene que ofrecernos un candidato que ha sido absolutamente incapaz de controlar el problema de la criminalidad en el estado que dice gobernar? ¿O acaso es falso que Miranda ostente el dudoso honor de ser el estado con la mayor tasa de homicidios de toda Venezuela?

Habrá quien opine que se trata de un macabro plan orquestado por el régimen “militarista” para “asociar a Capriles a la violencia”. ¿No cree que sean capaces de tanto? Lea lo que escribió Nelson Bocaranda el 30 de mayo, a través de su cuenta Twitter: “Con detención de 5 fugados de La Planta en Chacao se confirma la orden dada al soltarlos: ‘Váyanse a robar los municipios escuálidos…’”.

Qué bajo han caído. Qué lejos han llegado.

 

 

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